Contextualización.


VOLVER A LA ESCUELA FUE VOLVER A CASA


El miércoles 18 de septiembre de 2013 a las 8:20 am llegué a mi casa, a ese que fue mi colegio hace ya más de 12 años. El corazón me latía fuerte, tal vez por la emoción de volver a ver mi colegio con los salones llenos, con niños en el parque, por volver a ver ese uniforme azul, amarillo y blanco.

Entré e inmediatamente los cambios se hicieron notables para mí, el parque de juegos es mucho más grande, tiene columpios, rodaderos, pasamanos, llantas para hacer equilibrio, una casa de muñecas e incluso una piscina de pelotas para uso de todos los estudiantes, desde párvulos hasta el grado quinto.

El centro Educativo Aprendamos Jugando  tiene 8 salones dispuestos para los estudiantes, una cocina, una sala de maestros, una pequeña tienda, una biblioteca y una sala para la secretaria, también tiene una cancha pequeña con aros de baloncesto y arcos de fútbol.

Cuando llegué no había ningún niño fuera del aula, todos estaban en clases y Nora, la directora y también profesora me dijo que podía observar mientras tanto porque los chicos estaban por salir a descanso y eso hice, estaba maravillada porque a pesar de no ser un centro educativo tan grande (comparándolo con otros centros donde he estado) había crecido mucho desde la última vez que había estado ahí.

C. E. C. Aprendamos Jugando 1995.

Los chicos salieron a descanso y lo primero que noté  fue que no eran tantos como yo había pensado, asumí que había algunos grados en descanso y otros no, hasta que vi un niño que me dijo que estaba en primero, durante este periodo conté los niños y no superaban los 110.




Durante este primer descanso, logré observar que los niños (hombres) de tercero a quinto se ubican junto a la cancha a jugar con sus trompos, mientras que las niñas juegan a correr. Los estudiantes más pequeños juegan en el parque que es casi ignorado por los mayores. En la cancha hay algunos jugando con una pequeña pelota de plástico, algo parecido a balonmano.
Durante el momento de descanso, había una maestra en el parque de juegos y otra en la cancha con actitud vigilante mientras las demás estaban en la cocina y en la sala de maestros.





Uno de los niños me dijo “profe ponga la mano”, el volver a escuchar que un niño me llamara profe fue muy bonito, me recordó la razón real por la que quiero dedicarme a esta labor. Hice lo que él me dijo y puse la palma abierta, él me puso el trompo girando en mi mano, eso me asombró bastante, comencé a decirles que yo no sería capaz de hacer eso y a sentir como su confianza en mi crecía. Les pregunté cómo sabían que yo era profesora y me dijeron que ya Rosita, la maestra de lengua castellana les había hablado de mí. Me sorprendí mucho por su nivel de confianza, de querer aproximarse y conocerme.

El descanso terminó y el aviso para volver al salón es una canción que suena a través de todos los parlantes que están ubicados por toda la institución, los niños salieron corriendo hacia sus salones de clase y yo fui a la sala de maestras, allí me encontré con mi maestra cooperadora, Rosita y nos dirigimos al segundo piso de la institución, donde está situado el grado quinto.

El grado quinto está ubicado, como ya dije en el segundo piso del bloque trasero del centro educativo. Las sillas de los chicos son individuales y están ordenadas en media luna con el tablero como centro, esto da una sensación de amplitud, dicha organización me pareció extraña porque en general, las sillas están alineadas, El aula está decorada con motivos de la naturaleza, arboles, pájaros, flores y en uno de los árboles están las fotos de los estudiantes con su nombre, la decoración, a mi parecer es bonita y no es exagerada.




Dentro del salón hay una división en madera y una puerta a otro cuarto, que los niños llaman “cuartucho” y allí guardan sillas de plásticas, cajas de cartón con blocks, con pinturas, vinilos, como reserva porque dentro del salón hay un armario que tiene también estos elementos y los niños saben que pueden usar estos materiales

En el grado quinto hay 14 niños: 4 niñas y 10 niños, sinceramente me emociona mucho trabajar con un grupo tan pequeño puesto que nunca lo había hecho y siento que puede ser una gran ventaja para el trabajo en equipo, para el material didáctico y para poder conocer mucho más a los chicos.

En la clase de lengua castellana se dedicaron a preparar el acto de amor y amistad que se realizaría al día siguiente, a ellos les correspondieron las coplas chistosas, puesto que por lo que he podido observar es un grupo muy carismático y muchos tienen habilidades para el teatro, creo que me gustará mucho trabajar con este grupo desde una perspectiva más lúdica, ya que derrochan energía.

La maestra Rosita tiene un buen manejo del espacio de clase, al igual que los chicos que se les ve confiados en el aula y cómodos en su espacio, yo me sentía igual puesto que el salón es muy acogedor. Comenzaron entonces a ensayar las coplas y pude ver que tienen una naturalidad para ser chistosos sin llegar a ser ridículos.

A nuestro salón llegó un visitante muy pequeño llamado Matías, se sentó en una de las sillas y comenzó a pintar, esto me asombró bastante y le pregunté a la maestra por ello. Me dijo que Matías es un niño muy inteligente que tiene cuatro años y está en el grado jardín, sin embargo tiene muchos problemas de convivencia con sus compañeros y con la maestra a cargo que se encuentra embarazada, por ello  y debido a las constantes agresiones del niño contra ella, decidieron flexibilizar su currículo, de este modo las maestras se turnarían para estar con él… el experimento no funcionó pero Matías tomó un cariño especial por la maestra Rosita y desde eso asiste a todas las clases con ella y hace sus deberes de jardín en el aula donde ella esté dando su clase, no interfiere con sus compañeros y es callado cuando se encuentra con ella.




Los objetivos de la sesión fueron planteados por la maestra al principio de la clase de forma clara y conforme con las actividades que se realizaron. Los niños se sentían motivados para realizar el ensayo, se les veía llenos de entusiasmo por ensayar las coplas que se habían aprendido, todos ellos estuvieron concentrados y ninguno pidió permiso para ir al baño, permanecieron en la actividad completamente todos, lo que me llevó a pensar que es un grupo muy comprometido con las actividades que se les propone y me hace sentir muy motivada a trabajar con ellos. La actividad se desarrolló bien y fue acorde con el espacio del aula de clase.

Por último, el tiempo fue acorde para la actividad y se logró el objetivo de la clase, sin embargo, faltando diez minutos para terminar la clase, los chicos comenzaron a mirar sus relojes y a preguntar cuánto faltaba para terminar puesto que se sentían cansados con la misma actividad. Pienso que hay que tenerlos ocupados con actividades distintas para lograr que se concentren, con estas reflexiones terminó la clase en el grado quinto.

Las próximas dos horas estuve observando el grado cuarto, el aula es igual a la de quinto, sin embargo esta está ubicada en el tercer piso del mismo bloque, en esta aula hay dos pupitres dobles y el resto de las sillas son individuales. También en este salón están dispuestas en mesa redonda y el tablero también está al frente. Los niños tienen sentido de pertenencia por su aula, ya que expresan preocupación por verla sucia y recogen los papeles y basuras que hay en ella. También tiene un “cuartucho”.

Los chicos se sienten cómodos en su aula porque se mueven con propiedad por ella, igual que la maestra. Había una decoración de una rana y una cerdita, y en uno de los muros están los cumpleaños de los niños. El espacio da sensación de amplitud debido a la disposición de las sillas. En este grado hay 17 niños (4 niñas y 13 niños) que están entre los nueve y los diez años y la maestra comienza la clase con una relajación puesto que acaban de entrar de descanso y están un poco alterados. Y funcionó, los chicos se calmaron y la clase comenzó.




Por lo que pude observar la relación de la mayoría de los chicos entre sí es de respeto y compañerismo, sin embargo hay algunos de ellos que se tratan bastante brusco. De nuevo, Matías llegó a la clase cuando apenas estaba comenzando, traía con colores y una ficha para colorear.

Debo confesar que el caso de este niño me llama mucho la atención puesto que no hay un diagnóstico certero de lo que tiene y me intriga mucho el vínculo que ha creado con la maestra Rosita, los niños parecen estar acostumbrados ya a su presencia en el aula. En esta clase hubo dos objetivos claros planteados por Rosita al comenzar la sesión: Hacer un quiz sobre los verbos y trabajar la letra cursiva. 

Al principio el hecho de hacer un quiz en mesa redonda con los niños tan cerca me generó mis dudas, sin embargo quedé sorprendida porque durante este ninguno de ellos habló o miró la hoja de su compañero, cada uno estaba concentrado en su ficha y esto me dio a entender que hay en ellos un sentido de honestidad y responsabilidad muy bien formado. El quiz duró una hora y tuvo tres puntos. La maestra les insistió mucho en que revisaran bien lo que habían escrito, esto me dio a entender que los chicos no siguen bien las instrucciones y que por entregar rápido el trabajo no hacen lo que deben o lo hacen mal hecho.

Los objetivos de la clase estuvieron muy claros, después de terminar el examen, todos los chicos se disponen a recibir y leer la ficha sobre la letra cursiva, después de haberla leído socializaron su contenido y los verbos que allí se encontraban. Pude notar que a pesar de ser las últimas dos horas estaban muy dispuestos para realizar la lectura y la socialización.

El grupo me generó muchas expectativas porque es un grupo muy dispuesto para trabajar y varias veces preguntaron a la maestra si yo iba a trabajar con ellos y se alegraron cuando ella les dijo que sí. Las actividades se desarrollaron en el tiempo previsto y los chicos estuvieron dispuestos todo el tiempo, no hubo alguna molestia o protesta por el tiempo o la hora. Y así, terminó la observación a ambos grados.

Esta observación me generó miles de expectativas de trabajo, quedé llena de ganas de conocer a los chicos porque el ritmo de trabajo me generó muchas hipótesis. Por lo que he visto les encanta leer y escribir aunque no tienen mucho la oportunidad de hacerlo y quisiera enfocar mi práctica en esos procesos.

Al final, me reuní con la maestra Rosita para conversar sobre la sesión. Ella misma me sugirió trabajar en ambos grados la parte de literatura, ya que a los niños les gusta mucho y no tienen un espacio en la clase para eso.

Salí de “mi casa” como quería salir cuando llegué, llena de ganas de trabajar con los grupos y conocer a los chicos y sobre todo de poder hacer un trabajo significativo con ellos.










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